viernes, 23 de marzo de 2007

Todo era negro y sin embargo esplendido, escribió Poe. La ciudad cursiva de Baudelaire esta hecha de sonambulismo. Allí, entre la muchedumbre, apenas comprobada por as farolas de gas, el autor de Le espleen de Paris encuentra su mejor narcótico, la droga para olvidar sus peores humillaciones, su vació especular, la desmembración permanente de sus mas ínfimas certezas. A esa casa tenebrosa y magnifica se lanza como a una cuestión de vida o muerte, como se lanzaría un naufrago en busca de los escombros del naufragio .Un alma en busca de un personaje para representar, no la propia subjetividad que es una cárcel, sino otra, cualquiera, el teatro mismo del deseo. El poema, en suma.


La búsqueda del sentido en el poeta, así, coincide con la búsqueda de la saciedad en el vampiro. Dedicados a instaurar una novedad radical, que es siempre la misma (la muerte), ambos reiteran sin pausa la experiencia de sacudirse el abrigo que podría ponerlos a salvo de toda crisis rindiendo, de paso, a su mejor tributo a lo inmemorable que se les ha escapado.

Fragmentos de Baudelaire, Drácula y las Flores del Mal de Maria Negroni

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