viernes, 16 de marzo de 2007

Relato Breve:

Domingos



El gato negro esta preñado. Es ágil, se da maña.
El pantalón esta impregnado de pelos. El viejo sapo se sacude y mira ligeramente al felino que reposa tranquilamente en la silla de madera terciada.
_un día de estos voy a matarlo_ piensa. Su cabeza esta poblada de finos cabellos acólicos.

Una cascada de voces agudas y graves rompe el silencio de la tarde. Su mente primitiva convoca demonios imaginarios. Sus vecinos pelean por cualquier cosa. Es culpa de ella.

Por la ventana se ve la cancha. Tupida y verde. Las gentes están llegando. Los domingos se llena. Es la cita de los machos. La pelota y el vino.
El sapo conoce a todos. Algunos desde la cuna.
Se rasca la panza de obús, descubierta, sarnosa. Espera un poco más. El equipo todavía no llega.
El gato sigue durmiendo.
Levanta unas monedas. _para convidar_ piensa. Mientras hurguetea con la llave sus orejas.
Es hora de irse.
Sus favoritos lucen camisetas verdes y pantalones blancos. A través de la delgada tela se traslucen cuerpos jóvenes bien dotados.
Se para a la orilla. Donde los jugadores no terminan de cambiarse.
El nueve se le queda mirando. Los años no le quitaron su figura de oso. Esta vestido solo con un shorts azul. Su perfil es prueba fiel del mestizaje. Tiene cuerpo curtido por sol y por frío.
En los ojos un delicado destello sobresale.
El muchacho sigue mirando. Sapo de brazos cruzados, inmóvil, se sabe observado.

Rodolfo es un chico correcto, ni fuma ni toma. Es un poco delicado. Pero no es de esos. Juega la pelota. Hace tiempo que el puesto le pertenece.
La propia madre bordó su nombre en la numero nueve.

El partido es conjunción de faltas y castigo. La pelota el instrumento. Los verdes perdieron tres a cero. No importa, el juego es lo de menos.

El trago pone felicices a los muchachos y a la hinchada. Se quedan mirando el cielo. Haciendo ronda en el césped.
Un bichito recorre la pierna del sapo. Lucha con negros vellos.
Ese cosquilleo le agrada. Quiere más.

El día se va muriendo. Agoniza entre sudor, polvo y vino.
Los jugadores se van yendo. Los que están atados son los primeros.
_gobernados_ comenta el sapo.

La luna esta llena. La noche es clara y tranquila. El sapo contempla plácido el silencio. Mientras mira. Mira el pequeño bichito subir entre sus vellos. El uniforme traslucido. Un bello cuerpo.
Y siente el cosquilleo, que se hace espasmo.

La noche clara convoca sombras. Los hombres ya no son hombres.Son formas desfiguradas. Animales silenciosos. Monstruos míticos agradecidos de no tener comienzo ni fin.


clerop

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